dilluns, 9 de maig del 2016

TRAPPIST EXOPLANET

Descubren los tres planetas más parecidos a la Tierra y con mayor probabilidad de albergar vida.

Informació recollida per Anadel, Emma, Jana, Paula, Biel, Aleix ...


Todo sería diferente. El Sol sería pequeño, débil y rojo, pero estaríamos tan cerca de él que la radiación sería dos veces más intensa. Los años durarían cerca de dos días y no habría noche y día, sino que, como la Luna, una parte del planeta siempre miraría al Sol y la otra estaría oscura y fría. Podríamos vivir allí porque la evolución nos habría llevado a estar adaptados a la radiación infrarroja más que a la luz visible, algo que haría, por ejemplo, que las plantas no fuesen verdes, como en la Tierra, sino negras o rojas.

Es el segundo (o tercer) planeta de una serie encontrada alrededor de una estrella enana bautizada como TRAPPIST-1 en honor al telescopio -situado en La Silla (Chile)- que la encontró.

Es uno de los tres mejores candidatos para albergar vida en la Vía Láctea hallados hasta la fecha. Se trata de tres planetas de tamaños similares al de la Tierra y que orbitan alrededor de una estrella enana a 40 años luz de distancia de la Tierra y que acaban de ser descubiertos.

Los científicos que se dedican a la búsqueda de planetas habitables dentro de nuestra galaxia tienen una única pregunta en mente: ¿Existe vida más allá del Sistema Solar?
Ya han sido miles los posibles mundos habitables que se han encontrado hasta la fecha. Pero ninguno tan parecido a la Tierra y con tantas posibilidades de albergar vida como los tres recién descubiertos y cuyo hallazgo se acaba de publicar en la  revista científica Nature.

La clave es que se trata de un conjunto de planetas de tamaño muy similar a la Tierra y que se encuentran a una distancia de su estrella que les hace tener una temperatura y una radiación parecidas a las terrestres. Pero hay una gran diferencia: el Sol alrededor del cual orbitan.
Es la primera vez que se detecta un sistema planetario junto a una estrella enana ultrafría.

La pregunta evidente quizá sería: Si buscamos mundos análogos a la Tierra, ¿por qué no tratamos de encontrar planetas del mismo tamaño y que orbiten alrededor de una estrella de tamaño similar al del Sol y la misma distancia? De tratarse de una estrella más grande y potente (como nuestro Sol), los investigadores no serían capaces de estudiar correctamente las propiedades de la química que forma las atmósferas de esos tres planetas.

El estudio de la atmósfera de un exoplaneta depende de los pasos periódicos que realiza ante su estrella. Durante esos 'tránsitos', la atmósfera de un planeta bloquea una fracción de la luz de su estrella, haciendo que la veamos borrosa y débil. Este efecto depende de la composición de la atmósfera. Cuanto más pequeña sea la estrella, más grande es la fracción de su superficie escondida por la atmósfera del planeta, así que también serán mayores las señales que se pueden medir. Además, cuanto más pequeña y débil sea la estrella, más frecuentes serán los tránsitos del planeta habitable, es decir, más veces pasará el planeta entre su estrella y la Tierra, y más registros podremos tomar.
"La tecnología actual nos permite estudiar de manera precisa la composición atmosférica de un planeta de tamaño similar a la Tierra sólo si orbita alrededor de una estrella no mucho más grande que Júpiter, como por ejemplo una estrella enana ultrafría como TRAPPIST-1". asegura  Michaël Gillon, investigador del Instituto de Astrofísica de la Universidad de Lieja (Bélgica), "Para estrellas de mayor tamaño, no seríamos capaces de hacerlo. Así que para buscar vida en exoplanetas, ¡las estrellas enanas son el mejor lugar por el que empezar!", sentencia Gillion.

En las composiciones químicas de las atmósferas de estos nuevos exoplanetas la presencia de metano, de ozono o de dióxido de carbono en ciertas proporciones son indicativos de que hay actividad biológica.

Los planetas que orbitan a TRAPPIST-1 tienen tamaños muy similares al de la Tierra. Pero dos de ellos tienen períodos orbitales de cerca de 1,5 y 2,4 días respectivamente, es decir, sus años duran alrededor de dos días.
Los planetas están 20 veces más cerca de su estrella que la Tierra del Sol. A pesar de esa cercanía, sólo reciben entre dos y cuatro veces más radiación que la Tierra, ya que su estrella es mucho más débil. Los autores del estudio creen que quizá los polos de estos planetas, que reciben menor radiación, pudieran ser buenos candidatos para buscar vida.
Este estudio supone un paso de gigante en la búsqueda de vida en el universo", asegura a este diario el investigador del MIT de Boston Julien de Wit.

De existir, ¿Cómo sería la vida es estos mundos? "La estrella TRAPPIST-1 emite la mayoría de su luz en el rango del infrarrojo. Esto no es un gran problema para la vida, ya que algunas bacterias hacen la fotosíntesis gracias a pigmentos sensibles a esta radiación", explica el autor principal del estudio. "Yo me imagino que, si existe vida alrededor de estas estrellas enanas ultrafrías, la evolución biológica habría resultado en organismos fotosintéticos que usen este tipo de pigmentos. Así que las plantas no serían verdes, como en la Tierra, sino negras o rojas, dependiendo de si absorben o no los fotones rojos además de los infrarrojos.

Es posible que estos nuevos mundos habitables estén demasiado lejos, pero, ¿qué ocurriría si se llegasen a detectar indicios de moléculas generadas por alguna forma de vida? "Es verdad que es imposible enviar un cohete con la tecnología actual, pero no dudes de que lo primero que se va a hacer si se detectan trazas moleculares de vida es enviar una señal para ver si hay respuesta", dice Mas Hesse. "Es cierto que está lejos, pero tendrías la respuesta 80 años después de enviarla", asegura.

   

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